Columnas

La rebatinga de la vacuna para los países ricos

Por Martha Zamarripa | lunes 15 de febrero de 2021.

“La vacuna que le urge al mundo es la de la humanidad”

Marha Zamarripa

Uno de los mejores inventos de la ciencia es proteger la vida con una vacuna. Descubierta contra la viruela por el médico inglés Edward Jenner, tuvo mejor suerte cuando asolaba al mundo en 1796 que las que lo hacen ahora contra covid-19. El acaparamiento fatal de los países ricos consiguió neutralizar su efecto al alargar el contagio hacia aquellos en vías de desarrollo y subdesarrollados, que no tardará en revertírseles. México, una de las diez naciones en adquirirla junto a las de primer mundo y el primero de América Latina, sigue en esa fila; otros aguardarán hasta que los grandes decidan.

Si con la viruela el mundo esperó 183 años hasta 1979 en que fue erradicada, en 2021 quizá la vacunación no sea tan eficaz por tres razones: 1) monopolizar la vacuna aumentará el contagio en un mundo globalizado; 2) no hay garantía de que inmunice según la experta en Salud, OMS y 3) existe riesgo de nuevas cepas que mantendrían en vilo a la humanidad. A pesar de la vacuna, deberemos seguir usando cubrebocas. Es decir: apostarle a que el acceso se limite al mundo desarrollado es perder de antemano la apuesta por la sobrevivencia mundial.

Si antes de ese veredicto la mezquindad ya se asomaba, con los recientes descubrimientos se confirma que la humanidad camina en sentido inverso de una protección universal. No hay consciencia, ni generosidad, ni ayuda humanitaria. El que paga y produce tiene las vacunas. Vacuna el que tiene el dinero. El que paga, vacuna (y manda). El Reino Unido y Estados Unidos están al frente en la producción porque pueden invertir lo necesario en su desarrollo. Con más lentitud los siguen Canadá y los países de la Unión Europea. Pero las tienen para sí mismos, no para compartirlas a los países que carecen de esa posibilidad.

Los grandes, con capacidad de inocular a millones al día, se han saltado la lección de la globalización confirmada desde Wuhan, China que reveló cuán aldeano era el único mundo que tenemos al contagiar en semanas a todos los continentes. Si se deja a la deriva a los demás, la vacuna no detendrá la pandemia. La están volviendo ineficaz.

El drama de los avanzados que producen o compran cinco veces más vacunas de las que necesitan -como hiciera Canadá-, olvidan un detalle: si no se inmuniza simultáneamente a toda la humanidad la voracidad servirá de poco; el mundo global es un pañuelo. El inmunizado primer mundo se volverá a contagiar y, pese a haber sido los inicialmente protegidos, se enfermarán y trasmitirán a otros alguna de las nuevas cepas. Habrá que volver a empezar viviendo de nuevo la pesadilla de contagio y muerte.  

Los países en vías de desarrollo están expuestos y no hay consenso para protegerlos, a excepción de la petición formulada por el Presidente Andrés Manuel López Obrador durante la cumbre del Grupo de los 20 (G20) de no excluir a nadie de las vacunas y de hacer una distribución gratuita. Aunque fue aprobada por la mayoría en ese foro a fines de noviembre de 2020, ese supuesto acuerdo ha caído en el vacío. ¿Alguien ha tomado bajo su tutela encargarse de enviar el antígeno a uno o a varios de los países que no pueden adquirirlo? ¿Cuántos están pensando en inmunizar a cuántos millones de personas de las naciones pobres?

En Latinoamérica son más los países que no tienen vacuna -casi ninguno- que los que la han conseguido: apenas cuatro. Además de México, inmunizan Chile, Costa Rica y Argentina. Cuba desarrolla una propia. El resto está a expensas del virus. Más pronto que tarde la va a revirar a los ya inmunizados.

¿Qué hacer en esos casos? Para cuidar a sus ciudadanos, Belice, un país de 400 mil habitantes, mantuvo cerradas todas sus fronteras durante meses. En octubre de 2020, ante las presiones económicas, abrió la aérea y ahora en febrero reabre la marítima -pero la terrestre con México y Guatemala permanecerá cerrada-. Mientras no tenga la vacuna, anunció, su único camino para evitar o disminuir los contagios es a través del cierre de sus cruces fronterizos. Es un intento de aislarse para salvarse. Hace falta de la cooperación internacional de todos los rincones del mundo. Y además es urgente. 

Aunque México destaca de entre sus vecinos latinoamericanos por haber conseguido antes la vacuna, tiene otro enemigo: la oposición que no tiene remedio y, lejos de ayudar, dinamita la estrategia sanitaria, aunque pueda provocar una mayor tragedia. De acuerdo con ellos, el parámetro para medir el éxito o fracaso de la inmunización es comparar al país con Estados Unidos, la economía más fuerte del mundo. Critican que, mientras allá vacunan un millón al día, en México apenas mil logran ser inmunizados. La resistencia omite que el nuestro encabezó a los países de la región al obtenerla pronto.

De poco sirve vacunar a millones si otros millones traen al virus en su cuerpo, dispersándolo.

No se trata de plantear comparaciones imposibles entre ricos y pobres, sino de hacer un llamado para frenar el monopolio mortal de los países industrializados. Ese es el tema y el drama. De poco sirve vacunar a millones si otros millones traen al virus en su cuerpo, dispersándolo. Dueños de sus vacunas y de sus antígenos, carecen de empatía y solidaridad ante una pandemia a la que se le da alas al discriminar que todos tengan acceso. ¿De qué sirve que en Londres o en Houston ya estén inmunizados mientras sus vecinos, el resto del mundo, están condenados a seguir contagiados? Como lo revelara Wuhan hace más de un año, el virus no requiere pasaporte para infectar a personas de otras latitudes. Esto es lo que necesita ser denunciado. Comparar a nuestro país con la unión americana es una falacia peligrosa.

Por decisión del Presidente Andrés Manuel López Obrador, México tuvo la previsión de comprar todas sus vacunas de diferentes laboratorios que iban teniendo resultados. Le encomendó al canciller Marcelo Ebrard la tarea más importante del gobierno: salvar vidas y conseguir la vacuna en donde la hubiera como una carrera contra la muerte. Las aprobadas fueron conseguidas temprano. En la batalla contra covid-19 los tropiezos de los laboratorios no han faltado. Cierres temporales en la producción, protocolos que se tienen que cumplir, incumplimientos de contrato. Los antígenos se reciben en México desde cualquier rincón donde se produzca la vacuna. 

Un dato: de acuerdo con la BBC, los países acaparadores de la vacuna poseen el 60% de la misma cuando ellos conforman apenas el 16% de la población mundial. Entonces, podemos asumir que, si ellos inmunizan apenas a ese pequeño porcentaje, estarán provocando que el 84% del mundo permanezca expuesto y se contagie. ¿Ese es su temerario cálculo? Si la vacuna no es compartida hacia la mayoría del mundo, serán los grandes perdedores. La misma fuente señala que casi el 90% de los seres humanos “de 70 países de bajos ingresos tendrán pocas posibilidades de vacunarse contra covid-19 en 2021”. Los países pobres no contarán con vacunas ni siquiera para su población vulnerable, señalan. 

Mientras la generosidad y la consciencia estén ausentes, las vacunas serán inútiles.

Esta semana, después de cumplir con los protocolos de la Unión Europea, Pfizer está de regreso y reanuda su distribución con 600 mil dosis semanales. No se vacuna “sin vacunas” como dijo la resistencia, festejar la tragedia es trasgredir el límite de la decencia, no debiera haber lugar para la ruindad en medio de una pandemia. Se festeja la tragedia.

En los siguientes días seguirán llegando miles de antígenos que aterrizarán en suelo mexicano para su inmediata aplicación. El envío más reciente proveniente de la India es de 870 mil dosis de la británica AstraZeneca de los dos millones adquiridas en ese país, pero esa marca surtirá 77.4 millones de dosis en total. AMLO anunció que con esas 870 mil dosis se iniciará la vacunación en adultos mayores. Van a criticar porque en las zonas urbanas hay más contagios. Una manera de actuar opuesta a los que dominan al mundo.

Para quienes están confundidos con el falso dato de que “no hay vacunas en México”, la producción lleva meses, y si no se figura entre las potencias almacenadoras la distribución no siempre es inmediata, algunas por su cuenta han tardado en llegar. Además de la de AstraZeneca se compraron 34.4 millones de la estadounidense-alemana Pfizer, 35 millones de la china CanSino, 24 millones de la rusa Sputnik-V y un millón de Sinovac. Se añaden 51.5 millones de dosis a través del mecanismo de COVAX. Hasta ahora, México ha adquirido 224.3 millones de dosis de las autorizadas para proteger a los mexicanos. De acuerdo con el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, se gastaría en las vacunas hasta 32 mil millones de pesos. 

El dilema es el mismo de siempre: aunque la vacuna hace la diferencia entre la vida y la muerte, no está al alcance de la mayoría de la humanidad. Si se nace en un país rico, ya se recibió la vacuna; si se pertenece a un país pobre, no se tiene idea cuánto tendrá que esperar, ni siquiera si será vacunado. Se ha olvidado que la salud es un derecho humano. Cuando se habla de la mayoritaria pobreza y hambre, al no ser contagiosas, poco ha importado ya que las naciones desarrolladas no se vieron “afectadas”, pero con un virus que renace y se multiplicará entre la mayoría ignorada, las consecuencias son también para ellos. Las variantes del virus representan una nueva amenaza.

Ojalá que los países ricos se percaten pronto de que, si no comparten gratuitamente sus vacunas con los países pobres, se volverán a infectar. Los ciudadanos ya inmunizados sabrán pronto que los no vacunados los podrán contagiar y de poco servirá haberse vacunado antes que los demás. Tendrán si acaso un privilegio temporal. Es una tragedia que las cuantiosas inversiones en el desarrollo de vacunas discriminen a una mayoría que deja al margen de ese remedio urgente, y que por ubicarlos fuera de la inmunización los va a contagiar. Mientras la generosidad y la consciencia estén ausentes, las vacunas serán inútiles. La vacuna que le urge al mundo es la de la humanidad.

Por Martha Zamarripa | Lunes, 15 De Febrero Del 2021.

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