Política

“La ruta de la derecha” Martha Zamarripa @m_zamarripa

Por Martha Zamarripa | Lunes, 26 De Octubre Del 2020.

Desde su creación en 1939, el Partido Acción Nacional se labró imagen de ser confesional, empresarial y proclive a la intervención de la iglesia en los asuntos del Estado. Fue fundado por Manuel Gómez Morín, un abogado corporativo, asesor de empresas nacionales y extranjeras y accionista de Cervecería Cuauhtémoc del Grupo Monterrey que representó la reacción a la Expropiación Petrolera de Lázaro Cárdenas. Esa oposición sigue presente ahora contra Andrés Manuel López Obrador.

Lejos de proteger los recursos energéticos de México, la característica del PAN ha sido la entrega de los bienes del país a trasnacionales. Como describe Pablo Moctezuma Barragán en su libro “Los orígenes del PAN”, un documento encontrado en la Foreign Office de la Gran Bretaña comprobó que el fundador de Acción Nacional “trabajó con gobiernos británicos para sabotear las ventas de petróleo mexicano, después de que había sido nacionalizado”. E identifica a Diego Fernández de Cevallos como el “descendiente político de Gómez Morín”.

AL PAN -salvo honrosas excepciones como José Ángel Conchello, Pablo Emilio Madero, Bernardo Bátiz, Jorge Eugenio Ortiz Gallegos, Gabriel Jiménez Remus, José González Torres o Jesús González Schmall, entre otros-, la corrupción priista nunca le molestó, sino que se acomodó en ella. Acompañando al tricolor como partido marginal, se presentó como representante de las clases medias. Sin embargo, es a las clases altas, empresariales y políticas a las que ha servido. 

Desde sus muchos frentes, la derecha promueve movimientos dirigidos a diferentes públicos y distintas clases medias: Frena para la clase media-media, “Mexicanos contra la Corrupción” de Claudio X. González aliada con la Coparmex y, con los mismos, el nuevo “Sí por México” (de Gustavo de Hoyos) para la clase alta. El objetivo de todos es el mismo: hacer que López Obrador se vaya en 2022. Si no es posible, al menos buscan que su proyecto de transformación concluya en 2024.

La derecha fraudulenta, que espera derrocar a AMLO con la revocación de mandato de 2022, quiere invalidar la primera victoria de la izquierda por la vía electoral. 

Pero se enfrenta a la falta de propuestas. Aspira a quitar a López Obrador sin nada que ofrecer a cambio. No pretende combatir la corrupción, sino seguir siendo parte de ella –ahí está la virulencia contra la desaparición de fideicomisos o el rechazo a pagar impuestos-. Tampoco desea incluir a los siempre excluidos y condenados a morir en la pobreza. Critica la inseguridad, pero su alternativa es retomar la vía autoritaria que consternó a México. Anhela regresar para cancelar la recuperación de los bienes nacionales. 

Asimismo, avala la permanencia de la iglesia en asuntos del Estado para que se inmiscuya con dogmas que corresponden a su feligresía en las leyes que son para todos los ciudadanos y que competen a ese Estado; al promover la religión en la educación pública se elimina el estado laico. Desea preservar el patriarcado que vulnera los derechos humanos universales de las mujeres, como el derecho a decidir sobre su cuerpo, con la interrupción legal del embarazo solo permitida en Ciudad de México y Oaxaca. Ese retroceso se debe a la derecha representada por el PAN.

La derecha calla sobre los indicios de sus gobiernos en franca complicidad con los cárteles de la droga. Intentaron traducir al Papa Francisco que “les ha fallado” por declarar que apoya los matrimonios civiles de los gays pues también son hijos de Dios y deben ser protegidos, ellos y sus familias, por las leyes. 

Cuando José López Portillo ya iba de salida y decide la nacionalización bancaria en 1982, el panismo recibe el apoyo de grupos empresariales preocupados por sus intereses económicos. 

En 1987, Cuauhtémoc Cárdenas es candidato presidencial y adversario del partido de su padre (Partido de la Revolución Mexicana, PRM, después llamado PRI) y de la derecha. Con el Frente Democrático Nacional, una coalición de partidos de izquierda (respaldada por Heberto Castillo, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez) le gana al PRI y a su candidato, Carlos Salinas. Sin embargo, Miguel de la Madrid estaba decidido a imponer el proyecto neoliberal sobre el modelo de Estado benefactor que pensaba estaba agotado. Mediante el fraude, impuso el neoliberalismo que treinta años después provocaría un dramático aumento en la pobreza. 

El pragmatismo del presidente del PAN, Luis H. Álvarez, permitió la alianza con Salinas. Si en 1988 Miguel de la Madrid operó el fraude contra Cárdenas, en 2006 Vicente Fox haría lo propio contra López Obrador. Si en 1939 la reacción contra la Expropiación Petrolera pone en el mapa político al PAN, en 1988 la derrota del Salinas ante Cuauhtémoc le abre la puerta para dejar de ser el partido marginal que fue durante casi cincuenta años. No le abrió la puerta grande, sino una puertecita de Palacio Nacional donde siete panistas (encabezados por Álvarez) concluyen la negociación con el entonces ya presidente Salinas (Bernardo Bátiz se refiere a esa negociación en el libro “1988: el año en que calló el sistema” de la periodista Martha Anaya).

Las legitimaciones de presidentes perdedores le han costado caro a México. Salinas, a cambio de esa “legitimación”, le ofreció al PAN cogobernar entregándoles su primera gubernatura en 1989 para Ernesto Ruffo Appel en Baja California. Calderón (impuesto por Fox, el gran capital y la guerra sucia) pretendió “legitimarse” a través de la guerra contra el narco que enlutó a México.

Si al referirse a Cuauhtémoc y sus seguidores, de la Madrid admite con la periodista Anaya que: “Yo estoy convencido de que hice bien en no dejarlos llegar”, Fox reconoce que: “Hice fraude y lo volvería a hacer”. Si de la Madrid confirma que “le quedó claro que Salinas pactó con el PAN, al abrirle la puerta al poder para lograr la legitimación”, Fox se regodea de su fraude cuando el Tribunal Electoral del Poder Judicial (TEPJF) declara –sin ir más allá- que él “puso en riesgo la elección de 2006”. El beneficiario, Calderón, remata con su “Haiga sido como haiga sido” como motivo de orgullo en la confesión del fraude.

Salinas y Zedillo le abrieron la puerta al PAN. Salinas les entregó gubernaturas; Zedillo, la presidencia. Aunque la tendencia del PRI tuvo periodos donde su política económica llegó a tener algunos tintes políticos de izquierda, sus formas autoritarias fueron de derecha. 

En México, a diferencia de otros países latinoamericanos, fue muy fuerte el conservadurismo de los mexicanos que aún sigue aquí. Lo paradójico es que, política y socialmente, la población (todavía conservadora) le otorgó el mandato a Morena. Eso no significa que dejará de vigilar los resultados.

El reto para la 4T es no minimizar a la derecha y preocuparse por entender las inquietudes de las clases medias que no se sienten representadas por este gobierno.

Por Martha Zamarripa | Lunes, 26 De Octubre Del 2020. Embajadora de México en Belice @m_zamarripa

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