Columnas

Negación a la verdad histórica en torno al asesinato de “Moralitos”

Hermosillo, Sonora | Por Gabriel Octavio Tapia Fraijo | jueves 14 de abril, 2022

Había una hermosa luz en el bello y negro horizonte aquella noche fría del año 1974, el viento golpea los rostros cansados de los transeúntes, quienes exhaustos se mostraban levemente vigorosos, ante el fin de lo que sería la tarde escolar.

Sobre la avenida Rosales, se veía cada tarde de entre semana a un querido y popular policía, quien por 26 años habría de guiar la movilidad de los estudiantes y conductores que transitaban por la entrada principal del gran templo del conocimiento Sonorense, la Universidad.

Este buen hombre, honesto y servicial, sufrió ese 18 de febrero el acontecimiento que habría de condenar al rojo en Sonora.

El policía, al que con todo cariño se le apodó “Moralitos”, iba camino a su casa con la satisfacción de una jornada más de servicio a la comunidad; cuando a la distancia encontró a un joven de pelo largo y enmascarado, quien colocaba propaganda subversiva en los alrededores.

“Moralitos” encontrándose ya por la calle Coahuila, allá en el Boulevard Rodríguez, cumpliendo su deber intentó detenerlos. El joven de cabello encrespado, junto a un camarada suyo, presenciaron la trifulca del ataque al policía. Mudos testigos de aquel hecho, donde “Moralitos” evocaba lo que pudo ser su último suspiro. (DUARTE, 2013)

La XEDM, la grande de Sonora transmitió: “–Servició a la comunidad–, esta noche fue atacado con arma de fuego el policía de tránsito Enrique “Moralitos” se solicitan donadores de sangre urgentemente”. Decenas de personas se presentaron esa misma noche, acudiendo al llamado de las radiodifusoras, todos consternados por el sonido de las metrallas que retumbaron la ciudad. (TAPIA, 1974)

El estado de salud de “Moralitos” y las narraciones del hecho habían marcado totalmente sus pensamientos hacia los radicales. Quizá en la mente de los gobernantes ésta era la reflexión de gozo: la gente por fin se dio cuenta que los estudiantes eran malos, peligrosos y que cualquier acción de las autoridades estaba justificada. Por más cruel e inhumana que pareciera.

Joviales socialistas al encontrarse con un policía veían una figura de autoridad, opresora, maldita y condenable; una autoridad que pregonaba odio y que buscaba hacerle daño a los de abajo en la jerarquía social. Los jóvenes, logrando hostigar a la policía, podían hacerse de armas, dando un paso más a la revolución, al conflicto de clases, dando vida al fantasma que habría de recorrer Sonora.

Ese día, el de la tragedia de “Moralitos”, un grupo de estudiantes había alborotado a las personas cercanas al Museo y a la Biblioteca de la Universidad, expropiando ahí tres camiones del transporte público, obligando a los operadores a retirarse, incluso echando a la policía que llegó a su auxilio.

La expropiación empezó como un éxito, pero cuando se encontraron cerca de celebrar victoria fueron localizados en las cercanías de una escuela por el barrio El Coloso, al llegar la autoridad, empezaron a salir disparos de uno de los camiones, así salió herido de gravedad un sargento segundo de la policía; inmediatamente sus compañeros detuvieron a un matemático de nombre José Alberto, quien estuvo en el evento y declaró que él solo disparaba para provocar algo de confusión, sin la intención de herir a nadie. (VALLEJO, 1974)

Al siguiente día, el ocaso no apareció sin ocurrir nuevos hechos violentos; aullidos de sirenas, tronidos, disparos, reclamos, abuso y tempestad fue lo que vivió, observó y sintió la población hermosillense, una gran cantidad de policías aseguraron haber recibido disparos de jóvenes subversivos.

1:00 de la tarde

José Sheppard, un talentoso joven, vestido con chamarra y pantalones, había estado huyendo de la policía desde que lo sorprendieron escondiéndose por el matorral que se encontraba en un túnel el cual cruzaba el terreno deportivo de la Universidad de Sonora.

Cuando se dio cuenta que era perseguido, decidió abrir fuego contra los uniformados. Se escucharon los estruendos desde los barrancos del canal; así logró superar a la policía, cruzando el Boulevard Navarrete, por la calle Monteverde, consiguiendo entrar por una casa que correspondía al número 9.

Los agentes llegaron frente a la casa, tiempo que este aprovechó para saltar la barda del corral y velozmente dar vuelta a la calle Amado Nervo.

Allí entró en otro patio, brincó tantas bardas que parecían ser infinitas, hasta que llegó a la casa número 11. La policía presumía de haber rodeado toda la zona.

Se escucharon dos estruendos, luego el silencio… los policías exhortaron al joven a salir pacíficamente, al no recibir respuesta avanzaron con cautela y al entrar la sorpresa de los policías fue grata cuando descubrieron a Sheppard muerto en el patio con un impacto de bala en el costado derecho y quemaduras de pólvora.

Los judiciales aseguraron que había muerto al brincar la última barda que lo hizo libre, el arma que tenía consigo en el bolsillo se disparó de la chamarra, provocando la muerte del joven, dijeron. (DUARTE, 2013)

1:30 de la tarde

“Llamo para denunciar que jóvenes sospechosos están realizando un mitin con unos trabajadores”. (DUARTE, 2013)

Un anónimo llama a la policía, reportando a unos “jóvenes sospechosos”, que incitaban a obreros en Villa Satélite a levantarse contra sus patrones y provocar la revolución socialista.

A esa hora, por la Calle Monteverde y Amado Nervo, ya habían sido acorralados otros militantes de la Liga Comunista 23 de septiembre quienes fueron consignados y se dice que acordaron acusar a Sheppard, ya muerto, como el autor material del asesinato de “Moralitos”.

Posteriormente, para no deshonrar su imagen, el activista Hiram Rodríguez Piña declaraba: “Se acercó a preguntarnos qué hacíamos y fue cuando le tiré… también queríamos su pistola” (DUARTE, 2013).

No obstante, la Escuadra 45 que “Moralitos” poseía se encontró junto a su cuerpo herido. Agregó que ciertamente había disparado con el arma de Sheppard, pero que Sheppard no lo había matado, además revelaba otro objetivo el cual era instalar un explosivo en el Bangrícola, pero al acercarse el oficial, fingieron solo colocar propaganda comunista.

De ser cierto lo que Rodríguez decía, se consagraba como el héroe en la trágica historia de la muerte del movimiento y del policía.

Para los estudiantes, quienes habían encontrado en la guerrilla su motivo de vida, creían que, tomando las armas de los policías, se acercaban un poco más a la revolución socialista.

Así varios atardeceres pasaron, “Moralitos” se aferró a la vida, y tras ser operado, su último suspiro lo dio nueve soles después de su evocación. También murió el sargento segundo, días después del ataque, dejando al desamparo a diez hijos y a su esposa.

La familia de Sheppard no pudo nunca obtener resignación, ni entender como el joven siendo alguien tan bueno, había sido acusado de tal incidente.

Era la época en que bastaba ser estudiante para ser condenado por el Gobierno, incluso en Sonora.

Hiram siguió declarando, incluso al punto de señalar que el asesinato de “Moralitos” había sido porque descubrió una red de narcotráfico, Hiram aseguró: “Fue porque el viejo estaba investigando por su cuenta el tráfico de mariguana en la universidad y eso nos perjudica, pues la yerba hace falta para controlar a la raza y para seguir adelante”. (DUARTE, 2013)

“Moralitos” fue fulminado, asesinado en aras de la ideología de opresores o de oprimidos qué más da, eso es lo que se cree. Los hechos antes y ahora siguen siendo oscuros, ya que se registraron muchas contradicciones como ciertas. Finalmente, los que terminaron sufriendo fueron las familias, siempre las familias de los oprimidos… y todo, aparentemente, por la lucha final, donde se alzarían los pueblos con valor.

Al tiempo, los combatientes, estudiantes y maestros nada consiguieron, sin embargo, amplia fue su lucha en todo el país y en Sonora. Un mes después, un 23 de marzo fue capturado el “Comando Sonora”, era una fracción de la Liga Comunista 23 de septiembre la cual operaba sobre todo en el sur del estado.

En abril fue asesinado un policía, el relato de su muerte parece inspirado en una novela policial ya que menciona que cuando un taxi lo rebasó, el policía lo siguió y del vehículo salieron repentinamente disparos de arma de fuego, el policía fue herido de muerte, pero tuvo la fuerza para avisar a la central en qué dirección se dirigía el vehículo, en el incidente se detuvo a los estudiantes Samuel Orozco Cital y Rodolfo Godoy Rosas, quienes contaban con 18 y 20 años, respectivamente. (CASTELLANOS, 2006)

Sobre la muerte de “Moralitos”, las dos versiones resultan creíbles. Es real que hubo una célula de la Liga Comunista que se enfrascó en obtener armas a costa de la muerte de policías. También resultó muy conveniente para el Gobierno el repudio social que ocasionó el asesinato de un agente de policía dedicado a la vialidad y con arraigo en la Capital de Sonora. Es absurdo que por razones de ideología se establecieran como objetivo, rojos y subversivos, la muerte del por siempre apreciado teniente “Moralitos”.

Los implicados en los asesinatos de policías durante los movimientos estudiantiles de la Universidad de Sonora y la Liga Comunista, fueron amnistiados en los gobiernos de Ocaña y Carrillo Marcor, algunos de ellos se convirtieron en maestros universitarios y continuaron sus vidas, otros siguen escondidos preocupados por su pasado. Pero al final, el fantasma que recorría Sonora es polvo nada más que espera algún día, ser absuelto por la historia.

REFERENCIAS

Becerra, R. (19 de febrero de 1974). Balacearon a Moralitos: agonizaba anoche el honesto y cumplido policía. El Sonorense. Hermosillo, Sonora.

Castellanos, M. (2006). “Historia de la Universidad de Sonora” (El STAUS y el desarrollo académico)” Tomo IV. Guadalajara, Jalisco: Edición personal.

Duarte, R. (2003). Días de Fuego, El movimiento universitario sonorense de los años 70.

Hermosillo, Sonora.: Germinal Ediciones.

Duarte, R. (2013). La Guerra Sucia (VIII): Los asesinatos de José Shepperd y Andrés Peña.

Hermosillo, Sonora: Dossier Político. Recuperado el 06 de marzo de 2019 de

http://www.dossierpolitico.com/vernoticiasanteriores.php?artid=129041&relacion=dossierp olitico&criterio=

Galaviz, C. (2017). Los días turbulentos: a 43 años de la muerte de “Moralitos”. Sonora: Crónica Sonora, periodismo y reflexión. Recuperado el 8 de marzo de 2019 de http://www.cronicasonora.com/a-43-anos-de-la-muerte-de-moralitos/#_ftnref3

Marx, K. & Engels, F. (1848). Manifiesto del Partido Comunista. Recuperado el 12 de marzo de 2019 de https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm

Montemayor, C. (2007). La Guerrilla Recurrente. México: Random House Mondadori.

Rangel, L. (2011). La liga comunista 23 de septiembre 1973-1981, historia de la organización y sus militantes. [Tesis Doctoral] Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Instituto de Investigaciones Históricas. Morelia, Michoacán.

Tapia, E. (20 de febrero de 1974). Mi libreta de apuntes. El Sonorense. Hermosillo, Sonora.

Vallejo, C. Becerra, R. & Rodríguez, G. (20 de febrero de 1974). Abatieron a los heridores de Moralitos. El Sonorense. Hermosillo, Sonora.

Autor

Gabriel Octavio Tapia Fraijo. Originario de Cajeme. Estudiante de la Secundaria Bicultural Thomas Alva Edison, A.C. (TAES) 2º “D” Hermosillo, Sonora, a 25 de marzo de 2019.

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