Activismo Social

“Poder patriarcal: enemigo mortal de las mujeres” — Martha Zamarripa @m_zamarripa


Por Martha Zamarripa | Lunes, 09 De Noviembre Del 2020.

Doscientos treintaiún años después de iniciada la lucha en favor de los derechos de las mujeres por un grupo de intelectuales francesas, el objetivo de la igualdad no se alcanza. No es falta de estrategia ni de talento, sino la resistencia ante la amenaza de la ruptura del orden político y social establecido en un convenenciero patriarcado.

El patriarcado está conformado por instituciones dominadas por los hombres que establecieron el orden de las cosas. Todas se encuentran enlazadas en una complicidad que impide los cambios. Esa red comprende: la familia, la iglesia, la escuela, los medios, los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) y las empresas.

Aunque Maquiavelo se refirió a la dificultad de los cambios en un sistema de poder en el ámbito político, su pensamiento bien se puede aplicar a otros, en el sentido de que hay también intereses creados que harán todo para impedirlos. Así ocurre con el sistema patriarcal que permanece.

Si bien varias expresiones feministas surgieron en Estados Unidos y en Inglaterra antes que en Francia, es ahí donde se articula y difunde un movimiento a finales de siglo XVIII al enterarse con sorpresa varías mujeres intelectuales de su exclusión en la Declaración de los Derechos del Hombre y de los Ciudadanos en 1789 y en las leyes promulgadas en la nueva República Francesa. En su aparente avance, la Revolución fracasa ignora a las mujeres. Excluidas de sus derechos fueron condenadas a mantenerse en la misma posición desigual. Su Revolución «no les hizo justicia». Su etiqueta decía que eran inferiores, fueron catalogadas de ser «menos» que los hombres. Si en 1789 esa omisión fue un grave error, en 2020 es insólita e inaceptable la lentitud con la que la mitad del mundo ha aceptado lo imperativo de los cambios.

Para la filósofa y escritora francesa Simone de Beauvoir (1908-1986) feminista, los hombres se percataron que les sería útil «mantener a las mujeres en un estado de dependencia» y, añade que «sus códigos se han establecido contra ellas».

Lo curioso es que esa idea resultó en su beneficio, pero la vendieron como si la utilidad fuera para ellas. El patriarcado en realidad es una cárcel. Un sector de mujeres no tiene que trabajar en el mundo laboral sino en el doméstico, pero el precio que paga es la renuncia a la libertad de sus decisiones. En ese trueque ella es la perdedora pese a que -en el mejor de los casos- le sean resueltas todas sus demandas de bienestar económico.

Las intelectuales Mary Wollstonecraft (autora de Vindicación de los Derechos de la Mujer, en 1792) y Olimpia de Gouges (con su Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana de 1791 que descubrieron la discriminación contra las mujeres), se habrían sorprendido de ver ahora que el patriarcado sigue siendo factor dominante y vigente.

De acuerdo con un estudio de la Organización de las Naciones Unidas de 1980, la familia -tan idealizada en México- es la institución donde ocurre más violencia. Esta surge en la desigualdad: es quién tiene el poder frente a la parte indefensa. Se ejerce contra los vulnerables: las mujeres y los niños. Pero esa aberración permanece oculta pues las mujeres no la denuncian. ¿Cómo podrían denunciar a un padre, hermano, esposo o pareja? Si lo hicieran, ¿qué consecuencias tendría su atrevimiento si no tienen otra opción que regresar a su infierno?

La familia imparte las primeras enseñanzas del lugar que ocupan sus miembros. Ahí se inicia la desigualdad entre hombres y mujeres. De los hombres es el privilegio de control y poder; de las mujeres, la sujeción o sometimiento ante los hombres. No es extraño que esa desviada educación les acompañe toda su vida. Ellas trasmitirán a hijas e hijos ese esquema como correcto y el modelo a seguir.

La narrativa del patriarcado ha sido eficaz pues ha convencido a las propias mujeres oprimidas en estar de acuerdo. Ellas son sus principales cómplices, diría Beauvoir. No son pocas las mujeres que así educarán a sus hijas para que se sometan y a sus hijos para que controlen a esposas o parejas.

Los hombres a su vez cumplen con su función de la preservación del patriarcado en su ámbito: desde el púlpito un sacerdote hombre subrayará el distinto papel -y nivel- entre hombres y mujeres.Si San Pedro es elegido como cabeza de la iglesia, el hombre es a su vez la cabeza de su familia. Pese a que la propia doctrina católica refiere que Jesús se manifestó a favor del libre albedrío, la mujer carecerá de libertad para mandar sobre su propia vida y sobre su cuerpo. Las mujeres son denostadas por usar anticonceptivos; el sexo es para procrear, no para gozar. La interrupción legal del embarazo en el país sólo es permitida en Ciudad de México y Oaxaca evidenciando la intromisión clerical contra el Estado laico.

Pese a su condición injusta y violatoria de los derechos humanos, el patriarcado ha sido eficaz al usar a las mujeres como portavoces para trasmitir antivalores que promueven su propia desigualdad.

El patriarcado no estaría tan afianzado sin los eslabones que lo resguardan. La escuela refuerza lo enseñado en casa. El patriarcado en la escuela orienta a los niños a actividades en donde se ejercita el pensamiento, les dan legos o rompecabezas, así aprenden a resolver problemas. A las niñas las orientan a labores específicas; a cocinar, a barrer, a jugar a la casita. Finalmente será ése su papel. La división desigual de roles comienza en la infancia. Debido a la falta de respeto originada en la desigualdad, en la universidad habrá demandas de ellas por acoso sexual de sus compañeros o maestros.

El feminismo es diverso, no es uno solo. Ha conseguido avances, pero la resistencia patriarcal lo sigue frenando. Si en el pasado en muchos países las mujeres no podían divorciarse alegando el adulterio de sus maridos, pero a la inversa sí, el atraso causado por el patriarcado sigue siendo casi inamovible. La justicia -en una mayoría de jueces- al tener un precio, no existe en México, incluso muchos juzgarán a las mujeres por el hecho de serlo como si fueran culpables y no víctimas.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) no está exenta de actuar contra los derechos de las mujeres y de otros sectores vulnerables, pues en vez de regirse por las leyes responde a los intereses creados. Las mujeres han sido víctimas dos veces.

Los empleos en la iniciativa privada o en el sector público coinciden en la disparidad de sueldos de ellas por el mismo trabajo de ellos. A las mujeres les cuesta más acceder a puestos directivos. Los medios de comunicación contribuyen a desvalorizarla en contratos donde se atenta contra su persona y su imagen. Pese a los inconvenientes, al tener un trabajo la mujer deja de depender del hombre y de esta manera recupera su libertad.

Simone de Beauvoir concluyó que la independencia de la mujer comienza con la económica. No hay manera de ser independiente cuando la mujer es mantenida por el hombre.Muchas mujeres coincidirán con Beauvoir; otras, en cambio, estarán más cómodas en el esquema patriarcal donde a cambio de someterse serán mantenidas por sus maridos o parejas.

La realidad es que transcurrieron doscientos treintaiún años desde el movimiento feminista de Francia y los cambios son insuficientes. Pese al mundo globalizado, el patriarcado se resiste a las transformaciones sociales, políticas y económicas. Las mujeres mexicanas que comprenden la desigualdad en la que viven y que mantienen su negativa a obedecer y someterse a un hombre, a percibir salarios inferiores, a ser víctimas de acoso, a estar condenadas al ámbito doméstico, a escalar con más dificultad a puestos directivos, se ven afectadas también por aquellas que son cómplices del patriarcado.

No es la biología la que determina a las mujeres. Lo que sí ha definido el rol de ellas y ellos es la cultura del patriarcado dominante y opresor. La lucha de las mujeres es por sus derechos y los de sus hijas. Por educar en el concepto de igualdad también a sus hijos. Si la mitad del mundo sigue cómoda con el patriarcado vigente proveedor de todos sus privilegios, la única vía para derrocarlo es a través de la educación y de una conciencia colectiva. Las mujeres tienen derecho a los mismos derechos que los hombres.

Por Martha Zamarripa Embajadora de México en Belice. Twitter @m_zamarripa | Lunes, 09 De Noviembre Del 2020.

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